jueves, 19 de abril de 2012

EL CELLER DE CAN ROCA (GIRONA): Un orgasmo gastronómico

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Fue la guinda del pastel, el mejor broche a una semana intensa y exprimida hasta el último segundo. El jueves por la noche cenamos en el Celler de Can Roca (tres estrellas Michelin), llamado a ser el mejor restaurante del mundo en las próximas horas, en una velada embriagadora, cautivadora. Fueron más de cuatro horas de deleite absoluto, en el que levitamos en más de una ocasión. No pudimos evitarlo. La sensación al salir de allí es que los tres hermanos Roca han jugado con tus emociones, que por momentos te devuelven a la infancia con sabores imposibles y presentaciones majestuosas. Sí, les hablamos de un orgasmo gastronómico.
Ubicación: Girona, Catalunya.
Acceso: El restaurante está situado en las afueras de la capital gerundense, en una zona residencial.

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El local, desde fuera (foto de Twitter).

Una de las mesas del Celler. El local me pareció muy moderno, decorado con una elegancia exquisita. Mención especial también al baño, puro I+D+I.
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Tiramos la casa por la ventana y elegimos el menú Festival, compuesto de catorce creaciones (160 euros).
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También nos inclinamos por el maridaje de Josep Roca (75 euros), soberbio durante toda la noche. Quince caldos de postín en el que la palma se la llevaron el Leirana (Rias Baixas), el Comte Lafon (Viré Clessé-Bourgogne) y el 890 (Rioja Alta). Olores y sabores perfectamente ajustados a lo que comíamos.
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Snacks. Nos sacaron una muestra global ('comerse un mundo'). Varios aperitivos encarnando a varios países: Mexico, Perú, Líbano, Marruecos y Corea. El denominador común era cómo se transformaba el sólido en líquido. Espectacular.
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El bonsai de las olivas caramelizadas (cuatro, dos para cada uno). Cuelgan del árbol y las coges. Absolutamente encantador.
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Bombón de trufa. No hay palabras, señores.
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Calamares a la romana (aunque en la foto parezca otra cosa). Tremenda la cara de los dos al comprobar que, efectivamente, el sabor era de calamares...
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Bombón de Campari y naranja. Otro regalo.
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Tortilla de calabacín en su flor.
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Brioche trufado con su caldo.
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Pan de hojaldre (foto de Twitter).

En este punto, ojo, empezamos con el menú. Ya estábamos emocionados con el nivel de los aperitivos, pero ahora la cosa se ponía a cien. El festival arranca con la ensalada verde: aguacate, lima, pepino, corazón de tomate, chartreuse, rúcula, berro, sorbete de oliva...
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Moluscada al albariño: chirla/manzana, berberecho/albaricoque, mejillón/humo, almeja/laurel, ostr y caldo de molusco. Casi les hacemos la ola a los camareros. Muy, muy logrado.
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Espárragos blancos con consomé de ibéricos. El mayor mérito en este momento fue maridar correctamente el espárrago con el vino. Lo lograron. Ovación.
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Ostra con consomé de garbanzos y trufa. De toma pan y moja, querido lector.
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Atención, emociones fuertes. Toda la gamba: gamba a la brasa, arena de gamba, rocas de tinta, patas fritas, jugo de la cabeza y esencia de gamba. De lo mejor de la noche; plato top.
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Cambio de tercio y pasamos a los pescados. Besugo, yuzu (cítrico originario de Asia oriental) y alcaparras.
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Bacalao: estofado de tripa, espuma de bacalao, sopa al aceite de oliva, escalonias con miel, ají...
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Salmonete cocinado a baja temperatura.
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Pasamos a las carnes. Blanqueta de cochinillo con clavo, canela y vainilla.
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Mollejas y ventresca de cordero a la brasa con setas de primavera.
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Higado de torcaz con cebolla: nueces caramelizadas al curry, enebro, piel de naranjas y hierbas.
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Y los postres. Qué decir de los postres. El repostero Jordi Roca es un mago en toda regla y sus creaciones son un acierto tras otro. Sorbete de sandía con coco y estragón. Qué sabores, señores.
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Flower bomb: crema de rosas, níspero con azahar, sorbete de camomila, gelatina de caléndula, nube violeta y aceite de jazmín. Delicioso.
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Milhojas de moca: crujiente de anís con espuma de moca y granizado de café. Soberbio final para un festín de antología.
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¡Pero atención! ¡Qué pasa aquí! Estos camareros se han vuelto locos y vienen con el carrito de los postres...
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Superados por la realidad, sin capacidad de respuesta, dejamos que vayan llenando la mesa con helado, chocolate, gominolas... En definitiva, pecados y más pecados. El lector avispado, curioso y formado se habrá dado cuenta del Calvados que preside la mesa, un digestivo que cumplió su cometido como Dios manda.
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Y os dejo su web: ver web
Fue una experiencia única.

4 comentarios:

Mateu dijo...

Hola Mikel, enhorabuena por esta magnifica visita en tierras catalanas, y has estado en sitios muy bonitos, y el colofon del Celler, inmejorable, yo tambien he comido ahi, y es sorpresa tras sorpresa. Salut!!

jefoce dijo...

Buenos días Mateu, gracias por el comentario. Fue una semana impresionante, en la que disfrutamos como un niño con zapatos nuevos. Esta cena fue la guinda. Un saludo.

Fernando andua dijo...

Mikel, este reportaje es digno de un galardón "summa cum laude", nos has puesto a muchos los dientes muy largos. No cabe duda que comer así es una experiencia que roza lo sublime, ya me hubiera gustado estar presente en semejante ocasión.
Un saludo.

jefoce dijo...

Buenas noches Fernando, gracias por el comentario... y que aproveche. Bien que te habríamos acogido en la mesa; siempre hay sitio para un buen conversador. La cena fue un verdadero escándalo, no te voy a engañar. Para hacer una vez en la vida, de verdad. Un saludo.